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COMUNICADO DE PRENSA

La prevención es la forma más eficaz de evitar patologías discapacitantes e infecciosas en el transcurso de un viaje

FAMMA recomienda informarse antes de viajar a países en vías de desarrollo, especialmente a África y América del Sur

En la sociedad actual ha aumentado la facilidad para la realización de viajes internacionales y muchas personas se dirigen a países distintos a los de nuestro entorno por motivos de turismo, causas laborales e incluso económicas y sociales. Este hecho significa que los viajeros pueden estar expuestos a cambios físicos y medioambientales y entrar en contacto con enfermedades infecciosas diferentes a las del entorno habitual. Por ello es importante adoptar todas las medidas preventivas necesarias antes, durante y después del viaje.

Patologías como la fiebre amarilla, la fiebre tifoidea, el cólera, hepatitis tipo A y B, poliomielitis, rabia o malaria son algunas de las enfermedades que aún se encuentran activas en países con escaso nivel de industrialización en África, América Latina, Asia u Oriente Medio. Y es que, aunque un viaje se emprende con la voluntad de divertirse, una falta de previsión puede transformar esta experiencia en un verdadero calvario.

Antes de partir, se aconseja la visita previa al médico de cabecera con un tiempo de antelación suficiente para que en el caso de que se prescriban vacunas se cuente con un periodo de observación. Además, el facultativo dará información sobre consejos generales y particulares. Si un viajero necesita medicación habitual es recomendable que el médico recete la medicación necesaria en cantidad suficiente para cubrir el período de tiempo que dure su estancia en el extranjero. Por otra parte, será el profesional quien indique las vacunas para asegurar el mejor cuidado posible de la salud.

Las precauciones se deben mantener durante la visita a un país de este tipo, pero también hay que tener en cuenta el planteamiento del viaje. Si el alojamiento elegido es un hotel, el riesgo disminuye pero también hay que tener cuidado con determinados hábitos. Por ejemplo, consumir siempre agua embotellada y abierta delante del consumidor y no ingerir productos frescos o crudos. Tampoco se debe realizar el baño en aguas estancadas o en movimiento que sean desconocidas aunque aparentemente no presenten ningún peligro. Uno de los mayores riesgos es la presencia de vertidos residuales o excrementos de animales, además de la posible existencia de animales o plantas venenosas. Otras medidas de fácil ejecución que pueden librar de un disgusto inesperado son sacudir las sábanas y mantas antes de acostarse, así como la ropa y el calzado antes de vestirse, por si algún insecto u otro animal se hubiera ocultado en ellos.

Siempre es beneficioso llevar un desinfectante y material de cura de fácil aplicación en el botiquín para solucionar de forma rápida y eficaz pequeñas heridas. En zonas de vegetación abundante donde puedan habitar insectos peligrosos es necesario aplicarse repelente de mosquitos y llevar medicamentos contra el paludismo y sales de rehidratación oral. Los viajeros deben consultar al médico sobre si deben llevar consigo antibióticos o preparados antidiarreicos.

Cuando alguien emprende un viaje, no suele pensar en que puede surgir algún imprevisto relacionado con la salud en el lugar de destino. Pero si esto ocurre, será de gran utilidad haber adquirido cierta familiaridad con el sistema de asistencia sanitaria del país de recepción y conocer la cobertura de su seguro. Además, para ingresar en algunos estados es condición imprescindible en las aduanas un certificado en el que se especifique que se han adoptado las vacunas requeridas por las autoridades locales.

De manera general, los adultos sin complicaciones de salud son el colectivo que menor riesgo presenta, mientras que los ancianos o niños deben prever precauciones especiales, como son la protección contra el sol y el calor en países tropicales por el riesgo de insolaciones y deshidrataciones. En los traslados o vuelos de larga duración, sobre todo en personas de edad avanzada, es conveniente hacer los ejercicios de movilización que el medio permita (cambios posturales, caminar hasta el servicio, etc.) para no sufrir lo que se conoce como el mal del turista, que puede producir alteraciones circulatorias hasta el punto de provocar una embolia.

Los niños se adaptan, en general, mejor que los adultos a los cambios horarios y de clima. Pero su resistencia a las enfermedades es menor. Un estado de deshidratación aguda puede provocar la muerte del niño en pocas horas.

Algunas enfermedades típicamente tropicales no se manifiestan inmediatamente, pudiendo desarrollarse bastante tiempo después del regreso. En el caso de que se necesite acudir al médico, deberá informarle de que ha realizado un viaje en los últimos 12 meses a una de estas zonas.

Desde la Federación madrileña de personas con discapacidad, un colectivo especialmente concienciado con la necesidad de cuidar la salud, queremos resaltar cómo unos pequeños consejos pueden prevenir de una patología o discapacidad que cambie la vida y altere su calidad. Ante un viaje, la emoción y las ganas de conocer situaciones nuevas pueden ponernos ante riesgos realmente peligrosos para el equilibrio del cuerpo.

FAMMA–Cocemfe Madrid es una entidad sin ánimo de lucro que agrupa a más de 40 asociaciones y representa a más de 35.000 personas. Al ser la interlocutora de la discapacidad física y orgánica ante la Administración y el movimiento asociativo, reivindica y gestiona actuaciones y servicios a favor del colectivo al que representa. Esta entidad ha sido declarada de Utilidad Pública por el Ministerio del Interior.

 

 



 


Madrid, 26 de julio de 2006


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