—Actualmente usted conduce
el programa ‘Te doy mi palabra’ en la Cadena de radio Onda Cero, ¿es
lo que buscaba?
I.G. Se parece mucho. Me da muchas
satisfacciones hacerlo, hablar de todos los temas que creo que interesan
a los ciudadanos. Hago el programa que me gusta y eso hoy es un lujo.
—Anteriormente presentó programas
de televisión muy conocidos como ‘Lo que necesitas es amor’ o ‘Sorpresa,
sorpresa’. ¿Qué le hizo dejar la televisión para volver a sus orígenes
radiofónicos?
I.G. Porque la radio me permite
hacer lo que quiero y la televisión no, así de sencillo. Los realitys
y los cotilleos, que es lo que prima en la televisión, no me interesan
nada.
—Desde hace algún tiempo
colabora con la Asociación Madrileña de Enfermedades Neuromusculares
(ASEM Madrid), entidad miembro de FAMMA-Cocemfe Madrid. ¿Cuáles son
las principales reivindicaciones de esta asociación?
I.G. Esta entidad trabaja para conseguir
más ayudas, tanto sociales y médicas como económicas para los afectados
por estas enfermedades y sus familiares.
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Otra faceta
por la que destaca esta periodista extremeña es por
su solidaridad y compromiso con los problemas sociales.
Ha sabido utilizar su trascendencia pública para ayudar
a quienes más lo necesitan, a través de galas benéficas
y colaboraciones, así como dando cobertura informativa
a temas relacionados con la discapacidad.
No hace mucho tiempo su
vida personal ha potenciado esta sensibilidad hacia
los demás. Hace unos meses hizo pública la noticia de
que uno de sus hijos padecía distrofia muscular de Duchenne,
desde entonces presta su estrecha colaboración a la
Asociación Madrileña de Enfermedades Neuromusculares
(ASEM Madrid).
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—¿Cómo valora la sociedad
el movimiento asociativo? ¿Cree que está bien estructurado y organizado?
I.G. Esto es esencial. Si no existieran
las asociaciones muchas personas vivirían excluidas de los derechos
más elementales. Mi experiencia me dice que las asociaciones hacen un
papel, hoy por hoy, muy necesario e imprescindible.
—Algunas personas que padecen
una discapacidad deciden ignorar este hecho y mantenerlo en silencio
y, por ello, no buscan ayuda en una asociación. ¿Por qué cree que lo
hacen? ¿Les perjudica?
I.G. Quizá lo hagan por desconocimiento
o por resignación. Antes, hace algunos años, se ocultaba a la persona
con alguna minusvalía por cierta vergüenza. En la actualidad, quiero
pensar que ya no ocurre. Espero que ya no suceda, porque estas personas
más que nadie, por su propia fragilidad, necesitan un mayor apoyo y
normalidad.
—¿Qué respaldo encuentra una
persona cuando acude a una asociación como a la que usted presta su
colaboración?
I.G. Apoyo psicológico, información
y orientación en todos los trámites que deben seguir para conseguir
ayudas económicas y, por supuesto, información médica especializada.
—¿Le ha aportado a usted esta
asociación lo que buscaba?
I.G. Por supuesto, me ha dado lo
que necesitaba y lo que quería encontrar. Pero sobre todo me impulsó
la posibilidad de ser útil para ellos.
—¿Cómo se ve desde el otro lado
la situación del colectivo? ¿Ha cambiado mucho la visión que tenía antes
de las personas con discapacidad?
I.G. Ahora conozco desde dentro
el movimiento asociativo, pero mi visión de las personas con discapacidad
no ha cambiado, porque siempre me han merecido el mismo respeto. Sí
es verdad que ahora conozco mejor todas sus necesidades y las pocas
ayudas con las que cuentan por parte del Estado.
—Usted asegura que ‘la fama
hay que utilizarla para causas benéficas’. Ahora, se ha convertido en
portavoz de aquellos que padecen alguna distrofia muscular. ¿Cree que
los personajes públicos no aprovechan como debieran su poder mediático
para concienciar al resto de la sociedad?
I.G. Hay muchas personas con proyección
pública que son muy solidarias y comprometidas, pero también es verdad
que, evidentemente, hay otras muchas que no. Esto es una decisión muy
personal. Yo, por mi experiencia personal, animo a que colaboren. Cada
uno podemos aportar bastante y con pequeños sacrificios es mucho lo
que se consigue.
—¿Piensa que nuestra sociedad
necesita relacionar a un personaje público con una situación o un problema
para darle la importancia que requiere?
I.G. Ojalá se necesitara, porque
significaría que estas personas no tienen nada que reivindicar y exigir,
pero no es así. Hay mucha desigualdad e injusticia. La persona pública
visualiza esa injusticia y amplía su proyección social y política.
—En relación a los servicios
que se prestan en una asociación, ¿son escasos los recursos de los que
se disponen? ¿Responde esto al abandono económico de estas organizaciones
por parte de los poderes públicos?
I.G. Sin lugar a dudas. Cuando llegué
a la Asociación Madrileña de Enfermedades Neuromusculares, ésta atravesaba
una crisis económica bastante grave que no le permitía ofrecer el servicio
de fisioterapia y no contaba con recursos para pagar al personal especializado.
Ahora la situación es diferente.
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—En varias ocasiones
ha organizado cenas y comidas benéficas, entre ellas, una a
favor de la infancia y otra para recaudar fondos destinados
a afectados de enfermedades neuromusculares, ¿Qué le aportó
la experiencia?
I.G. Además de la aportación
económica para la asociación, el mejor logro de estos eventos
ha sido la repercusión y la información en los medios de comunicación
de todo los aspectos relacionados con estas enfermedades.
—Una vez dijo en
una entrevista que ‘los médicos deberían aprender a preparar
a las madres para comprender lo que se les viene encima’. ¿Cree
que habría que procurar aumentar el grado de sensibilidad y
formación de estos profesionales?
I.G. Hay mucho que mejorar
en todos los campos. Es fundamental crear hospitales de referencia
para que haya interrelación entre los distintos departamentos
relacionados con la enfermedad. Igual de importante es contar
con precisión en el diagnóstico para evitar el sufrimiento del
afectado y familiares, así como prepararles y atenderles según
las necesidades.
—Muchos afectados
de enfermedades raras tienen que acudir a Gibraltar o Andorra
para conseguir medicamentos porque la industria farmacéutica
no los considera rentables ¿cuál es su opinión a este respecto?
I.G. Pues que es una auténtica
vergüenza. Aquí se demuestra que para la industria farmacéutica
prima el negocio puro y duro, porque muchas de estas enfermedades
no tienen medicación posible. Y si la tienen no les debe parecer
suficientemente rentable.
—Cuando en una familia
hay un miembro con alguna discapacidad suele ser la mujer la
que dedica gran parte de su tiempo, incluso a veces la vida
entera, a su cuidado. ¿A qué cree que se debe este fenómeno?
I.G. La respuesta es que
la madre ha sido siempre y es la enfermera de la familia. ¿A
ver qué padre deja su profesión para dedicarse a cuidar de un
familiar enfermo? Esta cuestión se plantea sólo en los casos
en que trabajan los dos, porque si el único sueldo que entra
en la casa es el de él, lógicamente no va ser quien renuncie
a su vida laboral.
—La desinformación
de gran parte de la población con respecto a las personas con
discapacidad, lamentablemente, está muy extendida. ¿Qué medidas
debería establecer el Gobierno?
I.G. Aún hay muchas cuestiones
que los políticos deberían resolver, como hacer más campañas
de información, actividad que debería realizarse también a través
de las comunidades autónomas. Debería ser posible realizar estudios
genéticos a la población, sobre todo a aquellas familias que
hayan tenido o tengan antecedentes de distrofias. Cuando se
dé este caso, si es una mujer y va a ser madre, que se le informe
de que puede tener un hijo con distrofia.
—¿Cuál es su valoración
de las actuaciones políticas que se realizan para este colectivo?
I.G. Es muy positivo que
se esté elaborando una Ley de Dependencia, pues es muy necesaria.
Pero no es suficiente, hay que seguir exigiendo.
—¿Encuentra este
colectivo muchas barreras en su día a día?
I.G. La ciudad no está pensada
para personas con discapacidad.
—¿Qué objeciones
haría a la futura Ley de Autonomía Personal?
I.G. De momento han surgido
muchas opiniones, críticas y reivindicaciones, pero sólo es
un proyecto. Habrá que esperar a que se ponga en marcha para
ver qué hay que mejorar.
—¿Cómo considera
la actitud de la Iglesia respecto a la utilización de células
madre?
I.G. Como siempre la sociedad
va por delante. Si la ciencia puede evitar enfermedades y sufrimiento,
la Iglesia católica se debería quedar al margen.
—¿Debe prevalecer
la bioética frente a la posibilidad de salvar a un hijo o evitar
que nazca con una discapacidad?
I.G. Por supuesto, se trata
de una cuestión de vida.
—Como profesional
de la información, ¿cree que los medios de comunicación prestan
una atención insuficiente a las organizaciones que luchan por
los derechos de las personas con discapacidad?
I.G. Sí, la cobertura de
temas sociales como el del colectivo de la discapacidad es muy
insuficiente. Por lo general, se dedica muy poco tiempo a las
cosas que de verdad afectan a los ciudadanos.
—¿Ve necesaria la
inclusión de temas relacionados con la discapacidad en los programas
de debate?
I.G. Por qué no. Son temas
que nos interesan a todos. Claro que sí es necesario incluirlos
en los medios.
—¿Qué proyectos de
futuro tiene? ¿Volveremos a verla en televisión?
I.G. Hasta agosto estaré
en la radio y espero prorrogar, porque en la radio estoy muy
a gusto.
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«Si no
existieran asociaciones muchas personas vivirían sin
los derechos más elementales. Mi experiencia me dice
que las asociaciones hacen un papel muy necesario e
imprescindible».
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«Mi visión
de las personas con discapacidad no ha cambiado, porque
siempre me han merecido el mismo respeto. Es verdad
que ahora conozco mejor sus necesidades y las pocas
ayudas con las que cuentan».
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«Para
la industria farmacéutica prima el negocio puro y duro,
porque hay muchas enfermedades que no tienen medicación
posible. Y si la tienen, no les debe parecer suficientemente
rentable».
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«Aún hay
muchas cuestiones que los políticos deberían resolver,
como hacer más campañas de información, actividad que
debería realizarse también a través de las comunidades
autónomas». |
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«La cobertura
en los medios de comunicación de temas sociales como
el del colectivo de la discapacidad es muy insuficiente.
Por lo general, se dedica muy poco tiempo a las cosas
que de verdad afectan».
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