—Desde enero de 2004 está
representando por los escenarios de toda España “Cosas mías” ¿Cómo ha
sido la respuesta del público durante todo este tiempo?
M.B. Es un espectáculo que lleva
mucho tiempo. Empezó ya hace dos años y lo hemos ido corrigiendo y
adaptando según las circunstancias, entre otras cuestiones, por razones
internas. Cosas Mías es un espectáculo que empezó siendo la vuelta al
Moncho Borrajo del comienzo. Al principio era un espectáculo más coral y
al final se ha quedado en algo más pequeño, incluso le hemos cambiado el
nombre y ahora se llama Éste y yo. Tiene parte de canciones y que
pretende divertir al público hablando de temas políticos actuales que se
van renovando. En él me invento una poesía con el nombre de unas veinte
mujeres del público, eso le sorprende mucho a la gente pero en mis
espectáculos las bromas van siempre dirigidas a los poderosos, los
políticos, los ricos, etc.
—¿En qué tiene la cabeza
ahora? ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
M.B. El próximo espectáculo que
empezaremos en septiembre se va a llamar España Cabaret, está basado en
mi último espectáculo y en él van a trabajar también Rosa Valentí y J.L.
Mosquera. La idea es hacer un paso intermedio entre el cabaret y la
revista. La gracia reside en recuperar todo aquel concepto del cabaret
picantón, que creo que la gente joven no conoce y a los mayores les
encantaba.
—Después de tantos años en
los escenarios ¿cree que ha cambiado la situación del teatro desde que
empezó? ¿Qué cosas permanecen?
M.B. Lo que no ha cambiado son las
ganas que tiene el público de divertirse. Los problemas existen en casa,
y la gente no quiere ver cosas trágicas a menos que sea una obra
magníficamente hecha. Los jóvenes quieren ver otro tipo de teatro, no
quiere problemas. Eso sí, el público ahora tiene un nivel cultural
superior y eso se nota. Antes el número de personas que estudiaban era
menor, entonces cuando una persona acudía al teatro su nivel cultural
afectaba obligando al cómico a ser prudente. Hoy se nota una gran
mejoría en ese sentido, lo que obliga también a subir el listón.
Realmente cuando el público va a un teatro a ver a una persona como yo,
lo que quiere es divertirse. Piensan, “llevo toda la semana trabajando
me voy a reír un poco”.
—Aparte de actuar, ¿qué otras
cosas le gusta hacer a Moncho Borrajo?
M.B. Pinto, soy pintor, he hecho la
carrera de Bellas Artes. Ese será el futuro de mi vida cuando deje de
actuar, seguiré pintando. Además escribo un libro cada dos años, ya
llevo un total de 16 en mi haber, que suelen ser novelas o libros de
frases, algunos de humor, tengo uno de poesía, y los voy haciendo en
gallego y castellano. Además, todos los días intento estar al tanto de
lo que ocurre porque el mundo del humor no es como el de la canción, que
cantas una canción y te vale para toda la vida, tienes que saber lo que
ocurre para avanzar.
—Sabemos que es consciente
que en nuestro país todavía hay personas que no pueden disfrutar de un
espectáculo porque las instalaciones no están adaptadas a sus
necesidades. ¿Qué piensa de la situación de todas estas personas que no
han podido pisar nunca un teatro por las barreras físicas?
M.B. El problema de las barreras en
estos edificios es importante y más en los oficiales. En el teatro
Amaya, cuando decidimos adaptarlo quisimos hacerlo lo mejor posible.
Hemos puesto una rampa amplia que llega hasta la calle por la que se
puede acceder al patio de butacas. Se puede acceder al interior por el
pasillo central y por los laterales, hemos reservado sitios para sillas
de ruedas y se han colocado también bastantes barandillas. Pero la gente
tiene que ser consciente cuando adquiere las entradas que nos tiene que
avisar para que se le puedan asignar los asientos que se ajustan a sus
necesidades. Hemos intentado por todos los medios que estas personas
tengan soluciones cómodas, pero evidentemente ha habido algunas
adaptaciones que no se han podido llevar a cabo como poner un ascensor
para subir al bar, ya que se trata de un edificio antiguo que no nos
permite dicha reforma. De todos modos, contamos con ocho azafatas que
atienden a estas personas.Las butacas reservadas para discapacitados
nunca se ocupan si no vienen personas que las necesitan.
—¿Cree que cada vez se
tiende más a que los edificios de ocio se vayan adaptando?
M.B. Yo creo que está en la mente de
todos. Lo que sí se ha conseguido en la actualidad es que la gente
piense en ello porque antes no se hacía. Lo único que ocurre es que la
ley y los organismos oficiales, a veces no tienen la normativa clara. Lo
que no puede ser es que la normativa de la Comunidad de Madrid sea
distinta a la que hay en Barcelona. Si se cumplen las normas, y éstas
cambian, tendrán que darnos ayudas para hacer los cambios pertinentes
que obliga la ley. Las personas con discapacidad han de ser valientes y
querer salir adelante y no quedarse en casa sin hacer nada, tanto los
medios públicos como privados, han de ir adaptándose cada vez más a sus
necesidades para el disfrute y seguridad de estas personas.
—A su juicio, en el mundo
artístico ¿existen prejuicios en torno a la discapacidad?
M.B. No, yo creo que el mundo del
artisteo es muy comprensivo. Fíjate en el caso de Mariano Mariano, que
va con muletas o en silla de ruedas y es un cachondo mental. Entre los
dos teníamos pensado hacer un espectáculo en el que yo fuese ciego y él
fuese en silla de ruedas, para reírnos del público, lo íbamos a titular
Ven corriendo que no te veo. Los artistas entendemos muy bien esa
problemática y cuando nos encontramos con alguien dentro de nuestro
mundo con alguna discapacidad siempre le dedicamos algún detalle porque
sabemos muy bien que no tienen facilidad para salir y estar en el teatro
supone un esfuerzo para esa persona.
—Me han contado que su
compromiso con el colectivo de la discapacidad viene de años atrás.
Además de las actuaciones llevadas a cabo en el teatro Amaya realiza
colaboraciones con asociaciones a favor de estas personas, como la
Fundación Paideia de A Coruña y una asociación de personas con Síndrome
de Down de Vigo.
M.B. Sí, también he tenido alguna
atención con los chicos de Proyecto Hombre. Considero que está bien, no
para hacerlo público pero sí para que estas personas sepan que no las
olvidas, que los tienes presentes y que cuentan en la sociedad. Hay que
hacerlo como algo necesario y lógico porque creo que es una obligación
social. Entre otras iniciativas, el año que viene queremos poner precios
especiales para la tercera edad. Lo que ocurre es que mi teatro es
privado y el Gobierno no me ofrece ayudas para costear parte de esa
entrada, lo que dificulta la viabilidad de esta oferta en el tiempo. Soy
consciente de que hay que ayudar a estas personas pero yo tampoco puedo
trabajar gratis y en este sentido sí que existe un vacío por parte de la
administración. También es cierto que a veces son muy pocos los que se
mueven e interesan por estas cuestiones y a la sociedad no le llega la
información. Por ejemplo, yo veo muy poca gente discapacitada en las
televisiones y no hay un programa serio dedicado a los discapacitados.
—¿Cómo valora el trabajo que
realiza el movimiento asociativo a favor de este colectivo?
M.B. Aquí hay una labor social
importantísima de muchas personas, de gente joven y de gente no tan
joven que deja horas de su vida para atender a los demás y que no le dan
la importancia que deberían. Lo que sí creo es que hay poca información.
Una cosa es que los demás no sepan lo que haces y otra cosa es que la
sociedad tiene que saber lo que se hace. La gente a veces no sabe lo que
le ocurre por ejemplo al que padece una enfermedad como la esclerosis
múltiple y considero que esto es un problema muy serio. Aparte de falta
de información también hay falta de interés. En mi opinión, el Estado
debería recomendar de alguna manera que las grandes empresas tuvieran
una partida destinada a ayuda social.
—¿Qué opina de los que a
pesar de contar con una discapacidad alcanzan un sueño y luchan por él?
M.B. Yo más de una vez he pensado
qué haría si me quedara ciego, porque yo pinto. O si tuviera un
accidente y perdiera un brazo. Estoy seguro de que seguiría luchando, yo
haría un espectáculo en silla de ruedas. Sin duda, si me viese en una
situación así seguiría para adelante. Yo creo que el ser humano no es
consciente de la capacidad de aguante que tiene. Considero muy
importante que además de sensibilizar a la sociedad con los problemas de
estas personas hay que mentalizar a los discapacitados que la solución
está en ellos y sólo en ellos. Las televisiones deberían dar más
información al respecto. ¿Por qué no llevan a una tertulia a una persona
en silla de ruedas?
—Si no me equivoco usted es
superdotado y durante años lo pasó mal porque se sentía incomprendido.
Usted entiende como se sienten las personas que se diferencian en algo
de la mayoría. ¿Qué hizo para combatir esa situación?
M.B. Sí, este es otro problema. Al
revés de los que tienen una deficiencia, yo tengo una “supervisión”, por
así decirlo. Me enteré que era superdotado a los 20 años. Aprobaba todo
en el colegio nada más que atendiendo en clase, lo cual me trajo muchos
problemas porque no tenía hábito de estudio. Mis padres me han querido
siempre muchísimo pero con los niños de mi edad yo me aburría y con los
mayores era un pedante, lo cual me acarreó mucha soledad. Lo que ocurre
es que los problemas que esto conlleva son problemas que no se ven, que
están en mi interior. Gracias a Dios, ya lo he superado, tengo un
compañero que lo entiende muy bien, pero es cierto que de pequeño lo
pasas mal porque los demás no se dan cuenta de este problema. En mis
años de niñez, además, no había colegios para niños superdotados, por lo
que me sentía muy diferente y eso, unido a que desde pequeño he llevado
gafas y a mi condición sexual, pues imagínate.
—Aparte de su trabajo, ¿qué valor le da Moncho Borrajo
al sentido del humor para afrontar el día a día?
M.B. Cuando te pasa algo que te cambia la vida, como puede ser una
enfermedad, son momentos en los que ves la vida de otra manera, entonces
le das importancia a las cosas de verdad y te das cuenta que no hay que
preocuparse por todo, que todo no es importante, que a veces merece más
la pena un café con un amigo que una discoteca hasta la seis de la
mañana. Te das cuenta que es fundamental estar a gusto contigo mismo.
Mirarte en el espejo y decir: “mido 1,67, no tengo los ojos azules, pero joder ¡qué majo soy!” Esa es la postura, saber que dentro de cada uno
siempre hay cosas que superan los defectos y los defectos admitirlos con
sentido del humor. Yo creo que hay que buscarle el sentido positivo a la
vida, porque sino te hundes en la miseria. No puedes tener pena de ti
mismo, porque eso te aparta de los demás.
—¿Cómo se define?
M.B. Soy una persona que es muy feliz haciendo felices a los demás. Viendo
reír a los demás considero que tengo la profesión más hermosa del mundo.
Recuerdo una vez que me enfadé mucho porque había poca gente en el
teatro y mi madre me dijo que aunque sólo hubiese una persona a la que
hubiera hecho reír, mi vida ya merecía la pena. Cuando ves el teatro
lleno de gente, que en dos horas se han olvidado de sus problemas y se
han estado riendo, dices, “joder, qué bien”.
—Y para una profesión como la suya, para afrontar el
éxito y para la vida en general, ¿cuáles cree que son los referentes a
tener en cuenta?
M.B. Creo que es bueno no creértelo del todo, pensar siempre que al día
siguiente puede fallar, no confiarte porque si lo haces es cuando
fallas. Pero sobre todo, yo intento ser el mejor del mundo encima de un
escenario y cuando acaba la función volver a ser el Moncho que soy. Creo
que en esta vida hay que intentar ser lo mejor posible, pero luego no
creérselo.
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«Yo hago un humor crítico y social, pero aunque diga verdades como puños, lo hago en clave de humor, porque así entran mejor. Prefiero definirme como cómico y no como humorista porque ésta última limita mucho más. El humorista parece que sólo va a hacer reír. Yo soy artista cómico, y de cuando en cuando, saco la sonrisa».
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“La ley y los organismos oficiales, a veces no tienen la normativa clara y lo que no puede ser es que la normativa de la Comunidad de Madrid sea distinta a la que hay en Barcelona”.
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“Creo que hay que buscarle el sentido positivo a la vida, porque sino te hundes en la miseria. No puedes tener pena de ti mismo, porque eso te aparta de los demás, y si tú no tienes fe en ti mismo los demás no te pueden ayudar.”
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“El problema de las barreras en los edificios es importante. En el teatro Amaya hemos puesto una rampa que llega hasta la calle para acceder al patio de butacas, hemos reservado sitios para sillas de ruedas y se han colocado bastantes barandillas.”
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A pesar de contar con un lugar privilegiado entre los cómicos, Moncho, reivindica la falta de atención que se les presta a los humoristas siempre recordando lo mucho que significa para él emocionar y sorprender a la gente. A través de sus palabras, se descubre como una persona sensible, generosa y solidaria, amigo de sus amigos, a quien le preocupa el mundo que le rodea y las personas que viven en él. De esta preocupación por la gente surgió la idea de hacer accesible el teatro que tiene desde algunos años en Madrid, el Amaya, situado en la céntrica calle de Martínez Campos, para que todas las personas, con y sin discapacidad puedan disfrutar por igual de sus espectáculos.
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