Hace pocas semanas recibí un e-mail en el periódico (www.madridiario.es) de Andrés, que en un tono cordial, pero cargado de ironía y escepticismo, me invitaba a que las columnas escritas y firmadas por mi en la contraportada pudieran ser accesibles para invidentes. “¿Por qué a mi el reproche o la demanda?” –pensé esa fría mañana de invierno–, cuando en la red debe circular un mínimo de un millón de columnas diarias con las mismas características. La caída de los débiles copos de nieve –vistos desde la misma ventana en que meses atrás contemplé como los restos del edificio Windsor fueron pasto de las grúas tras haberlo sido de las llamas– me trajo la respuesta. Esa mañana decidí cambiar mi contraportada diaria y convertirla en un “blog” de libre acceso que mantuviera el texto y las fotografías, pero añadiendo audio y vídeo. Nacía la columna multimedia apta para casi todos los públicos. Hoy, un mes después “Com.permiso” es una columna diaria publicada en varios periódicos digitales y más accesible de lo que fue en sus orígenes. Todos sabemos que no es más caro ni más difícil construir una rampa que unas escaleras, pero sabemos también que no siempre se hace. Comprendí que me tocaba a mí dejar los peldaños de estos años atrás en su sitio, pero justo al lado empezar a construir la necesaria rampa de acceso para que otros pudieran verla, leerla, escucharla y naturalmente criticarla, discutirla y hasta elogiarla –si fuera el caso–. Disculpen la referencia personal, pero dado que me piden un artículo de opinión sobre accesibilidad y/o discapacidades, puede venir al pelo para manifestar que “en Internet también hay barreras arquitectónicas que dificultan a los discapacitados poder salir, entrar o simplemente pasear por sus calles, sus autopistas, o sus rincones favoritos”. Las nuevas tecnologías, sin embargo, ofrecen cada día mayores posibilidades para navegar, desde las más sencillas a las más complejas. Desde poder aumentar el tipo de letra y dotar a la pantalla de un mejor contraste –afortunadamente una buena parte de los navegadores modernos ya lo incorporan de serie, sin necesidad de recurrir a enlaces y operaciones de descarga más engorrosas– hasta poder convertir los textos en voz a través de programas de sintetización cada vez más perfeccionados y capaces de leer de viva voz los textos de una pantalla.
Quizá, en efecto, sea el colectivo de invidentes el más amplio y el que más necesita de unas ediciones especiales de webs para no quedar fuera del ciberespacio, pero desde luego no son los únicos. Siempre recuerdo a Carmina, discapacitada física, de ojos claros y sonrisa profunda, que me explicaba sus dificultades para conseguir algo tan sencillo y rutinario para otros como mover el ratón o utilizar el teclado. He aquí, en Carmina, el ejemplo tecnológico contrario. Su voz la permite navegar por las webs, no sin problemas, pero con cierta soltura gracias a que los programas instalados en su ordenador reconocen y ejecutan las órdenes vocales casi a la perfección. Pero no nos engañemos y seamos críticos con quienes –como un servidor– hacen cada día páginas web en forma de diarios de actualidad informativa, política, de ocio o deportiva. Para que todo lo anterior funcione y permita a discapacitados motores o invidentes poder manejarse con facilidad, necesitamos “configurar páginas de diseño sencillo, que utilicen un orden y criterio lógico”. Incorporar el Multimedia a las páginas requiere un poco más de trabajo pero incrementa las posibilidades de comprensión y acceso para todos. Aunque navegar a la carta aún es una utopía, como Editor y responsable de una decena de diarios en red debo entonar el “mea culpa” por no cumplir de forma suficientemente certera con la obligada necesidad de conseguir un Internet para todos y eso pese al compromiso adoptado por algunos de los más prestigiosos editores de diarios on line en 2003, coincidiendo con el año europeo de las personas con discapacidad, donde se llegó a una especie de pacto no escrito para trabajar en la línea de la no discriminación en la red de redes por motivos de discapacidad.
De hecho, el V Seminario Medios de Comunicación sin Barreras abogó de forma explicita en 2003 porque se construyeran páginas web que pudieran ser leídas por personas que sufren pérdida de visión en distintos grados. Unas webs que no olviden que hay usuarios sordos que no escuchan los sonidos de fondo, o que recuerden que hay otros que por sus dificultades motoras no pueden usar correctamente el ratón o teclado del ordenador. La respuesta se me antoja escasa, pero tenemos que seguir intentándolo. No olvidemos que el chat, como herramienta adaptada, se ha convertido ya en un instrumento de comunicación fácil y funcional para muchas personas cuya discapacidad les obliga a pasar muchas horas solas, en casa, para las que Internet se convierte –por derecho propio– en su particular ventana al mundo. Por último, basta acercarse a Google para comprobar que la lista de portales por y para discapacitados es cada vez mayor, pero no tanto en la faceta tecnológica de accesibilidad cuanto en lugares de reunión para personas que intercambian experiencias comunes. Con todo, soy más partidario de invitar a estas personas a bucear en este inmenso mar de contenidos donde todavía es posible ahogarse, pero cada vez más fácil disfrutar de la inmersión y salir con vida del intento.
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