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Editorial Revista ACCESIBLE Nº 32 (febrero 2006)


Las próximas cuatro estaciones



 

Terminó un año más, con cambios y promesas pero, esta vez, ahora sí, las personas con discapacidad han protagonizado varios hechos importantes que han centrado la atención de los medios de comunicación. Durante todo el año se ha hablado, debatido y corregido –una y mil veces– lo que debería ser el instrumento de mayor protección y ayuda para las personas con un alto grado de “dependencia”. Y tras el nacimiento, un paso importante: se ha aprobado el anteproyecto de la Ley de Autonomía Personal, aunque  sumergido en la controversia y pactado únicamente con la patronal y los sindicatos, al margen por tanto de entidades que representan a los colectivos directamente interesados.

De momento, se está fraguando lo que dicen llamarse el “cuarto pilar” del Estado de Bienestar, pero bajo la mirada dudosa y desconfiada de muchas organizaciones que ven lejos la puesta en marcha del nuevo sistema. Si bien, necesita dosis de coordinación entre comunidades y dejar de ser una mera declaración de intenciones y convertirse en una norma que realmente cubra las expectativas de muchas personas: las de los afectados y las de sus cuidadores informales, que van consumiéndose por el esfuerzo físico y personal que requiere cuidar y atender a un ser querido. Para conseguirlo, aunque las comparativas son odiosas, no estaría mal que España aprendiese, por ejemplo, de sus vecinos franceses, quienes al margen de cualquier valoración patrimonial o renta personal del usuario, sus servicios sociales otorgan una cuantía de 24.000 euros para cubrir su asistencia.

Sin embargo, poco a poco, la sociedad se va mentalizando, se ha pasado del ostracismo a formar parte de la vida social, de la denominación de “subnormal”, allá en los 70, a “minusválido” en los 90 y ahora “persona con discapacidad”, tras el deseo de ZP de cambiar la Constitución. Otras cosas como la intervención de S.M. el Rey don Juan Carlos llamaban la atención cuando en su discurso navideño aludía a las personas con discapacidad y animaba a la sociedad a respetar y fomentar la igualdad de oportunidades.

Y como las cosas cambian, ahora ya no sólo estudia el adinerado, como tampoco se queda en casa el que tiene una discapacidad. Por eso, se han implantado cátedras sobre discapacidad, se ha previsto la exención de tasas y la creación de tutores en la reforma de la LOU, y se ha mejorado, algo, el acceso al transporte. En el ocio, igualmente importante, se ha ampliado, sólo un poco, la oferta de turismo accesible y, para que un deportista con discapacidad pueda vivir de su esfuerzo, se ha creado el Plan ADOP.

Entre Estatut y Estatut sólo ha quedado tiempo para aprobar la Ley Antitabaco y dar la bienvenida a la “futura heredera” doña Leonor. Ahora sólo a esperar que las nuevas normas y reformas que afectan al colectivo sean tajantes y se cumplan con rigor, como la ley de los “malos humos”, que “quema” a la mayoría de los fumadores pero evitará gran número de muertes y discapacidades.

Es evidente que se han producido cambios, pero si algo es seguro, es que estas medidas no son deferencias para con el colectivo, se trata de aplicar lo que un día fueron palabras, luego derechos, y, finalmente, hechos. Aparcadas quedan deudas como la aprobación del reglamento de la Ley de Accesibilidad y Supresión de Barreras de la Comunidad de Madrid, el escaso control de la reserva del 2% del empleo para personas con discapacidad, la eliminación de barreras en edificios, o la regulación de la enseñanza no obligatoria con medidas de apoyo y acompañamiento.

Finalmente, y después del huracán Katrina, pediremos a este nuevo año que no traiga más catástrofes naturales, menos violencia y más tranquilidad y ayuda para todos. Queremos la paz en el mundo y que no se produzcan más 11M ni 7J, porque aunque pueda parecer utópico e imposible conseguir, según se desarrollan los acontecimientos en el mundo, exigiremos durante las próximas cuatro estaciones que haya más solidaridad, más compromiso político y social, en definitiva, grandes dosis de sensibilidad real para dar a cada uno lo que por derecho le corresponde.

 




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