José Blázquez viajó a Colombia con la intención de operarse de una hernia. En España, los médicos especialistas que lo habían tratado concluyeron que apenas existían soluciones a su problema y decidieron no intervenir, debido a los múltiples riesgos que podría entrañar para él una operación quirúrgica. Desesperado y sin más alternativas, José vivió debatiéndose entre la desolación y el apego a la vida. Buscó información en internet y empezó a documentarse sobre varios tratamientos alternativos.
Un día, una página web le abrió una puerta a la “esperanza”. Un amplio eslogan advertía sobre un ilustrado médico colombiano que había encontrado un extraordinario método a partir del cual solucionar cualquier síntoma causado por una hernia y conseguir una recuperación total. Entusiasmado, José llevó a cabo todos los trámites que la web solicitaba. Llegó a producirse un contacto telefónico, por el cual un señor, que argumentaba ser el responsable de Atención al Paciente, solicitaba una primera transacción por valor de 3.000 euros. Ése sería el primer pago. Tras analizar su expediente médico y “comprobar” que era “apto” para recibir el tratamiento, se planteó la necesidad de que éste viajara a Colombia para iniciar el proceso médico. Decidido, José accedió, se hizo con los billetes y en la fecha acordada se presentó en el aeropuerto internacional de El Dorado, en Bogotá. Una mujer lo estaraba, a él y a los 6.000 euros que portaba para hacer efectivo el segundo y último pago, que le daría derechos de tratamiento pre y postoperatorio, intervención quirúrgica e ingreso y estancia en el hospital. La mujer condujo a José hasta el hotel donde le habían confirmado que se alojaría; allí debía pasar las tres primeras noches antes de la operación, mientras duraban los últimos trámites del preoperatorio. José se alojó esa noche en el hotel con la esperanza y los nervios de comenzar el camino hacia su recuperación. Sólo hasta la mañana siguiente duró su sueño, punto en el que todo gira y comienza la pesadilla. Nadie acudió a recogerlo… por más que esperó. En recepción el único rastro había sido su mismo nombre, al que estaba reservada una habitación por tres días. Se encontró de pronto en una ciudad que no conocía, a miles de kilómetros de su país y sin nadie a quién acudir. Desamparado y devastado por su propia ingenuidad. Como el de José, cada vez se dan a conocer más casos de engaños y estafas médicas fruto de la desolación que viven numerosos pacientes crónicos o con enfermedades incurables. Al margen de la ley o servidas de un vacío legal todavía existente, numerosas ofertas alternativas, anuncios de medicinas ancestrales, tratamientos innovadores y revolucionarios surgen amparados muchos de ellos por el anonimato que otorga internet. La calle y algunos establecimientos públicos son otros lugares muy recurridos para ofrecer este tipo de servicios.
Otro caso que se estila es el de los conocidos flyers: pequeños recortes de papel que se reparten en las calles y en las zonas más concurridas publicitando los servicios exclusivos de “grandes maestros chamanes africanos”, “mediums espirituales” o personas “procedentes de familias de alta magia” capaces de curar cualquier problema, desde enfermedades graves y crónicas hasta problemas de amor y negocios, es decir, de todo.
Algunos aseguran sanciones garantizadas al 100%, otros afirman no cobrar hasta ver los resultados y otros que “no hay problema sin solución”. Generalmente, estas personas se escudan en los resultados del placebo y la capacidad sedativa de la mente: “todo tiene solución si crees en mí” y si no has logrado los resultados apropiados es “por tu falta de fe y dedicación”.
Si bien es cierto que la ciencia ha comprobado en numerosas ocasiones el papel que juega la mente en la salud; las creencias, los sentimientos o las emociones, aunque ayudan, es muy difícil que constituyan la única vía de recuperación de un paciente. Pero es necesario reconocer que el ánimo repercute en el estado físico hasta el punto de que muchas veces es el desencadenante de la enfermedad y diversas investigaciones médicas han demostrado que los estados físicos y mentales se influyen mutuamente a través de mecanismos por los cuales la mente puede llegar a modificar el comportamiento biológico y orgánico. Una investigación experimental con un grupo de enfermos de cáncer en la Facultad de Medicina de la Universidad de Standford (California) y llevada a cabo por un equipo integrado por médicos, psicólogos y sociólogos, sometió a veinte enfermos a las técnicas de sanación ejercidas por un grupo de presuntos chamanes que, en realidad, eran actores representando un papel de forma lo suficientemente convincente como para atraer la confianza de los pacientes. Los resultados fueron impresionantes: demostraron que el 80% de los enfermos sometidos al experimento depositó completamente su fe en los falsos chamanes; de ellos, el 45% sufrió una mejoría muy importante, un 20% detuvo el avance y logró estabilizar su enfermedad y un 10% de los casos remitieron totalmente. El resto fue indiferente. Queda entonces demostrado que el ánimo puede influir positiva o negativamente en el avance de una enfermedad, pero no que sea un tratamiento completo y resolutivo en sí mismo. Del mismo estudio se extrae que, en cualquier caso, quien realmente tiene el poder es el propio paciente y no la hipotética magia heredada de un antepasado ancestral, puesto que un grupo de actores consiguió los mismos resultados que ofertan los llamados mediums y chamanes, que utilizan las técnicas y los ganchos de la charlatanería para atraer a sus adeptos. El principal problema reside en que estos servicios, además de robar su tiempo y su dinero, pueden llegar a ocasionar graves consecuencias en las víctimas que están seriamente enfermas. Los resultados de las pruebas médicas son los únicos que pueden determinar si la enfermedad de un paciente ha remitido completamente, pero muchos de estos farsantes logran hacerles creer que ya están curados y que no es necesario que continúen con el tratamiento administrado por su médico, ocasionándoles graves daños e incentivando que la enfermedad siga su cauce y llegando a provocar incluso la muerte, en algunos casos. Algo similar sucedió hace años con el remedio de internet conocido como Saint-John’s-wort: un compuesto de hierbas que se utilizaba para combatir la depresión o como “curalotodo”, aunque numerosas investigaciones médicas revelaron que producía una grave interacción con los medicamentos que se administraban a pacientes con sida.
Cada vez se dan a conocer más casos de clientes de paquetes de turismo hospitalario. En la mayoría de las ocasiones, estos programas incluyen unas exóticas vacaciones acompañadas de intervenciones quirúrgicas, generalmente de cirugía estética, a unos precios especialmente competitivos, puesto que se realizan en países como Colombia, Venezuela, Brasil o Argentina, entre otros. Muchos turoperadores ofrecen este tipo de servicios y lo cierto es que estos países ostentan el título de los más avanzados tecnológica y profesionalmente en cuanto a cirugía estética se refiere, por lo que muchas veces son una buena elección. Sin embargo, muchos farsantes se aprovechan de esta fama y ofrecen intervenciones quirúrgicas como una gran oportunidad económica. En estos casos, normalmente, no se cuenta con personal cualificado y el lugar de trabajo no reúne los materiales necesarios y seguros. Por descontado, estos paquetes turísticos no incluyen los tiempos mínimos de hospitalización, y el seguimiento post-operatorio es demasiado corto o inexistente, por lo que el paciente vuelve al país de origen en unas condiciones muy poco seguras… aunque las posibles complicaciones se darán, lo suficientemente lejos, como para intentar reclamar.
Terry Winckler, redactor de un periódico de California, fue diagnosticado de linfoma. Habituado a trabajar con internet, decidió explorar el ciberespacio para documentarse lo máximo posible sobre su enfermedad. “Decidí que en lugar de esperar a que alguien me diera una solución, yo mismo la encontraría (…) así que pasé mucho tiempo reuniendo datos y comprobando la información”. Winckler encontró una enorme colección de sitios web que ofrecían numerosos tratamientos “alternativos” y curas milagrosas para casi cualquier clase de dolencia y, por lo general, a un precio muy elevado.
Está claro que internet permite averiguar, conocer e informarse sobre casi todo. Sin embargo, es imprescindible tener en cuenta el doble filo de la red, puesto que el anonimato y la falta de legislación permiten la existencia de numerosos fraudes y engaños. Cualquier persona debe sospechar de los sitios que ofrecen tratamientos alternativos a través de afirmaciones demasiado exactas sobre las curas. El atractivo que utilizan muchos sitios seudomédicos es la falsa esperanza y en muchas ocasiones se dirigen a consumidores que están prácticamente desesperados a causa de una enfermedad seria, como el cáncer o el sida, o cualquier dolencia crónica, como los dolores de cabeza, la artritis o los dolores de espalda. Cada día, surgen cientos de páginas y correos electrónicos incitando a probar nuevos remedios sobre enfermedades incurables. En la mayoría de estos casos, a los usuarios se les suele pedir el pago de miles de euros de entrada como “honorarios por el tratamiento” y que se añadirán a los gastos que generalmente solicitan para realizar un viaje a otros países donde recibirán tratamientos inútiles e incluso dañinos. Desgraciadamente, no siempre es fácil reconocer las web médicas expendedoras de “ciberplacebos” y falsos remedios. Algunas páginas tratan de simular los logotipos e iconos de prestigiosos laboratorios, instituciones o entidades médicas para ganar credibilidad e insinuar credenciales. También los curanderos de internet son muy difíciles de vigilar, no sólo porque son demasiados, sino porque muchos de ellos trabajan desde países que no cuentan con vigilancia en estos campos. En estos casos, las denuncias más comunes hacen referencia a los perjuicios sobre su salud y su economía. El sanador comienza a pedir dinero, bien antes de iniciar el tratamiento, bien más adelante para propiciar la confianza del cliente. Ante este tipo de engaños, poco se puede hacer, puesto que nada deja constancia como prueba de la transacción económica a la hora de denunciar.
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