Aventura en Tierra Santa

Una experiencia muy personal

Hospitalidad Jesús de Nazaret, mayo 2009

6 de mayo de 2009 el primer día

Recogida del oxigeno para un peregrino que necesitaba 20h diarias Teníamos la basílica de la Anunciación frente a Casa Nova, nuestro alojamiento Salida T4 Aeropuerto Barajas. FAMMA y ADEMM cedieron sillas para la peregrinación

Día 7 Jesús de Nazaret

Llegada al pueblo de Caná de Galilea Entrando en la Basílica de Caná Caná, interior de la Basílica, lugar de la Conversión del agua en vino Bajo la Basílica se hallaron los restos de una Sinagoga Visita al museo de la anunciación (Nazaret) Subiendo del museo hacia la iglesia de San José Subida al Hospital Francés de Nazaret Llegada al hospital francés. Las Hijas de la Caridad atienden al grupo

Día 8 Vida pública de Jesucristo

La Sinagoga Cafarnaún. La Directora de la peregrinación da explicaciones que allí ocurrió al grupo y a los voluntarios (Hospitalarios) que visten ellas de azul y blanco, ellos con pantalón azul y camisa azul claro Frente a los restos de la casa de San Pedro En el Kibutz de Guinosar embarcamos para navegar el Mar de Galilea, (lago Tiberiades) En el Kibutz de Guinosar embarcamos para navegar el Mar de Galilea, (lago Tiberiades) Basílica de las Bienaventuranzas lugar del Sermón de la Montaña junto al Mar de Galilea Peregrina con doble trasplante renal y severa discapacidad visual se acerca a las aguas del Jordán en Corozaín Disfrutando de las aguas del Jordan Renovando las promesas bautismales en el Jordán

Día 9 De Galilea a Judea

Interior Basílica de la Transfiguración en el Monte Tabor Interior Basílica de la Transfiguración en el Monte Tabor La Doctora atiende a un peregrino con discapacidad Bajada al calabozo en la Casa de Caifás (templo San Pedro Ingallicantu, monte Sión, Jerusalén) Vista de la Mezquita de la Roca  y de Al Aksa (recinto del antiguo templo de Herodes el Grande) desde el Monte Sión “Guarda sillas” en el hotel Nôtre Dame en Jerusalén Nôtre Dame, nuestro alojamiento en Jerusalén

Día 10 La Pasión de Jesús

Camino de la Basílica del Santo Sepulcro a las 6 am Descenso del recinto amurallado de Jerusalén Dos Hospitalarias bajan hacia el Santo Sepulcro y se cruzan con una mujer ortodoxa que evita ser fotografiada Barreras arquitectónicas en el acceso al Santo Sepulcro El recinto amurallado de Jerusalén es un “parque temático de barreras arquitectónicas” Subida al Gólgota con ayuda de un Hospitalario Bajo este altar estuvo clavada la Cruz Apertura del Santo Sepulcro Entrada de la Custodia Copta al Santo Sepulcro Una Televisión americana entrevista a una de las Hospitalarias Una Televisión americana entrevista a una de las Hospitalarias Templo de la Dormición de la Virgen en el Monte Sion Entrada a la tumba del rey David. Los hombres separados de las mujeres y la cabeza cubierta con kipá Un judío ortodoxo rezando en la tumba del rey David Subida al cenáculo En el interior del cenáculo. En la actualidad tiene la configuración de una mezquita. A la izda. vemos el Mirah (donde se guardaba el Corán) Monte de los Olivos. En la cumbre se encuentra la Ascensión Siguiendo el mismo camino que Jesucristo desde el cenáculo hacia Getsemaní Los restos del Templo de Herodes el Grande (Muro de las Lamentaciones) Una de las 7 puertas de entrada a la ciudad de Jerusalén La ciudad de Jerusalén vista desde el Monte de los Olivos En el Huerto de los olivos hay varios olivos milenarios En el Huerto de los olivos hay varios olivos milenarios

Día 11 Una Luz os ha nacido. Belén y Ein Karem

Mini entrada a la Basílica de la Natividad (¿Por defensa? ¿Para entrar inclinado por respeto?) Entrada a la gruta de la Natividad donde se encuentra el “Portal de Belén” Estrella de Belén, lugar donde nació Jesús Claustro de la Basílica Natividad Frente a la Basílica donde nació San Juan Bautista (casa de Santa Isabel y Zacarías) Subida a la Basílica de la Visitación Subida a la Basílica de la Visitación Un descanso en la pronunciada subida Gruta donde se produjo la visitación de María a su prima Isabel Y ahora… a bajar Y ahora… a bajar  Lugar del nacimiento de San Juan Bautista Interior de la basílica decorada con azulejos de Manises donados por España Tienda en Belén. Artesanos que trabajan cristianos palestinos (madera olivo y nácar) Recargando el sistema de oxigeno Recordando a los voluntarios el manejo de las sillas de ruedas

Día 12 De los valles al desierto de Judea

Bajada a la tumba de Lázaro en Betania Medio de transporte alternativo en Betania Una parada en el desierto de Qumram Atentos a las indicaciones en el desierto de Qumram Bajada a la playa del Mar Muerto A orillas del Mar Muerto A orillas del Mar Muerto Flotando en el Mar Muerto

Día 13 Misa del Papa y orfanato de las Hijas de la Caridad

Controles de seguridad (visita papal) en plena calle Detector de metales a un sacerdote La misa del Papa La misa del Papa Medidas de seguridad Interior del Papamóvil La subida El regreso 3 voluntarios y 3 “biberones” en el orfanato Jugando con los niños en los pasillos del orfanato Aula donde enseñan a los niños del orfanato el desarrollo de la vida en familia

Un Peregrino en silla de ruedas por el Parque temático de las Barreras Arquitectónicas

TIERRA SANTA PARA TODOS

Cuando vas a Tierra Santa puedes planteártelo de muchas maneras. Desde el punto de vista sociológico es un viaje en el que conoces un entramado de culturas y formas de vida. Un lugar en el que se reúnen tres civilizaciones que conviven de forma compleja y fascinante.

También puedes hacer un viaje histórico-artístico. Desde este punto de vista contemplarás lugares con miles de años de historia, civilizaciones, guerras, ocupaciones y conquistas. La mayoría de los templos y las ruinas son como una milhoja, sobre las construcciones originales aparecen las romanas, sobre ellas, las bizantinas, tapadas por árabes, encima las cruzadas que son tapadas por las persas y ahora te encuentras las modernas. Es como ir abriendo un libro de historia pero de forma inversa, contemplando con intensidad la influencia de la religión en dicho lugar.

Pero la más completa es dándole toda su profundidad Espiritual, ésta era la manera que ofrecía la Hospitalidad Jesús de Nazaret. El hilo conductor de la peregrinación son las Sagradas Escrituras, el Antiguo y el Nuevo Testamento. En este viaje aglutinas junto con la dimensión religiosa, la dimensión histórica, su sentido cultural, su sentido etnológico y antropológico, viviendo esa realidad de la forma más profunda para un cristiano.

Hace algo más de un año, Ana Palacios, directora de la Hospitalidad, se dirigió a mí para ver cómo podríamos acercar esta experiencia de Peregrinación a personas con discapacidades o enfermedad. Ella estaba empezando a formar lo que hoy es una estupenda realidad: La Hospitalidad Jesús de Nazaret. Se dirigió a mí como experto en accesibilidad. Mi pregunta fue obvia: ¿Qué barreras nos vamos a encontrar allí? Y sin perder su sonrisa me respondió claramente: TODAS.

Allí, la Hospitalidad empezó una labor difícil pero apasionante. No sólo se trató de intentar conseguir acceder al mayor número de hitos posible, ni de poner solamente los medios humanos, sanitarios y materiales para que fuera posible, sino en adaptar los tiempos y las jornadas a las necesidades de los peregrinos, a sus capacidades, por comprometidas que estas fueran.

A Ana Palacios le avalan años de experiencia en peregrinaciones a Tierra Santa, miles de peregrinos, una gran sensibilidad Teológica, un extenso conocimiento de la historia antigua y contemporánea de aquel singular confín del mundo, y un notabilísimo conocimiento de la idiosincrasia de aquel peculiar conjunto de culturas, religiones y razas. Pero esta vez se planteaba un nuevo reto, conseguir organizar peregrinaciones que no excluyesen a nadie: acercar Tierra Santa a aquéllos que no podían, debido a las limitaciones impuestas por la falta de movilidad o las enfermedades.

Un proyecto pionero en el mundo

Después de más de un año de trabajo intenso por parte de la Hospitalidad, en febrero de 2009 se empieza a perfilar todo, y su directora vuelve a solicitar mi ayuda. A finales de mes hay un acontecimiento que nos hace cerrar las fechas: el Papa va a visitar Tierra Santa.

Para esta primera Peregrinación, la Hospitalidad formó el equipo en el que estábamos, por parte de la Hospitalidad:

El equipo de Hospitalarios, finalmente, se conformó con:

El resto de peregrinos lo formaban las personas con discapacidades o con alguna enfermedad y sus acompañantes. Había problemas de la más diversa índole, oncológicos, renales, pulmonares, cardiacos, autoinmunes como el mío, producidos por la edad… Ninguno fue rechazado, simplemente tras una entrevista personal, se les dijo sí, y se buscaron los medios para que pudiesen hacerlo. Lo único que se pedía era no ir con silla de ruedas eléctrica, ya que su peso imposibilitaría el acceso a muchos lugares.

Hubo apoyos externos imprescindibles para que saliese bien todo.

La Compañía Aérea El Al puso todos los medios técnicos y su eficaz organización, allanándonos mucho el camino para que todo lo relacionado con los vuelos y los aeropuertos fuese factible. Como por ejemplo el suministro de oxigeno a bordo de los aviones.

La mayor parte de ayudas técnicas fueron cedidas por FAMMA–Cocemfe Madrid y la Asociación de Esclerosis Múltiple de Madrid; el resto fueron gestionadas por la propia Hospitalidad en España.

También es de destacar la colaboración de los Franciscanos, de los Legionarios de Cristo y de las Hijas de la Caridad, que nos alojaron en Nazaret, Jerusalén y Belén, y pusieron todos los medios a su alcance para que nuestra estancia fuera cómoda y adecuada a nuestro singular grupo.

El suministro de oxígeno fue gestionado por la Hospitalidad en Tierra Santa y con las compañías aéreas. Pero lo importante es que, con un enorme esfuerzo y coordinación, se consiguió tener todo lo necesario.

Día 1

El gran día, aeropuerto, facturaciones y la primera sorpresa, los controles de los servicios de seguridad de la compañía aérea El Al, extremando las precauciones para nuestra seguridad y la del avión. Nos preguntaron de todo, desde quién había hecho la maletas hasta de donde habían salido las sillas, tuve que enseñar incluso mi tarjeta de Secretario de Accesibilidad de FAMMA para que viesen que no les mentía. Eso sí, con una corrección exquisita y hay que reconocer que gracias a su magnífica organización se solucionó en un santiamén.

Asistencias aeroportuarias para los que lo necesitábamos, y en el avión casi cinco horas para llegar al aeropuerto de Tel Aviv. La recogida de equipaje fue, como todo lo de El Al, de una eficacia encomiable.

A la salida conocimos a otra persona importante en la peregrinación, se trata de un palestino cristiano, Johnnie Walker (sí, como lo oís) que nos sirvió de intérprete y valedor por su conocimiento del castellano, el árabe y el hebreo, y su larga experiencia acompañando a las Peregrinaciones de Ana. Y a Wael, el conductor del autobús que también estuvo con nosotros todo el viaje.

En el aparcamiento nos esperaba el autobús y Ana ya empezó a prepararnos y a contarnos qué y cómo iba a ser la peregrinación, mientras nos dirigíamos a Nazaret. Tras la cena en un restaurante (con un escaloncillo pero con ascensor para subir a los comedores) paseamos un poco por Nazaret donde ya nos encontramos los primeros problemas de accesibilidad, cuestas, escalones, estrechas aceras, y nos fuimos a Casa Nova donde nos alojábamos. Es una residencia que tienen los Franciscanos justo enfrente de la Basílica de la Anunciación. Las habitaciones sencillas, limpias y con ducha. Quien quiso bajo a misa a la capilla que era inaccesible pero nuestros voluntarios ayudaron a quien lo necesitó. Y nos fuimos a la cama, a la mañana siguiente empezaba la peregrinación propiamente dicha y había que estar descansado de cuerpo y mente.

Día 2

Tempranito salimos con destino a Caná de Galilea donde Jesús realizo su primer milagro. Por un dédalo de estrechas calles llegamos hasta la Basílica donde en una sencilla y emotiva ceremonia los matrimonios que nos acompañaban renovaron el compromiso matrimonial. Ana y el padre nos ilustraron sobre la importancia de este hecho. A pesar de las barreras y gracias a los Hospitalarios, los que quisimos, pudimos bajar a ver los restos que en la cripta se conservan de la basílica cruzada y los restos de una sinagoga.

Después, de vuelta en Nazaret, visitamos el Museo que se encuentra junto a la Basílica de la Anunciación. Allí nos encontramos con más barreras arquitectónicas casi infranqueables en forma de escaleras para acceder al museo, digo casi porque como en el resto de los lugares inaccesibles el buen hacer de los Hospitalarios y Hospitalarias rompieron dicha barrera a base de fuerza, profesionalidad y sentido del humor. En el museo están las excavaciones de una casa de la época (venerada como la casa de María) en la que se ve la sala donde hacían la vida las familias (de 10 ó 12 miembros) y la gruta donde estaban estabulados los animales, similar al lugar donde nació Jesús en Belén. También vimos diversas piezas de piedra labradas y lámparas del siglo I, mosaicos Bizantinos y capiteles Cruzados.

Estuvimos en la iglesia de San José donde pudo estar su taller y donde Jesús pasó su infancia. En la cripta hay una tumba de la época (quizás la de San José) y los restos de unos baños purificadores de la época y diversos restos. La cripta es también inaccesible si no llega a ser por los Hospitalarios.

Comimos en un bonito restaurante (con cinco escalonazos como cinco soles) junto a la Fontana de María, fuente que se remonta al siglo 1 y que probablemente es donde la Virgen iría cada mañana a buscar el agua para la familia.

Por la tarde visitamos la basílica de la Anunciación y repasamos la vida de la Virgen, su renuncia y su valentía a la hora de asumir el papel que Dios le había destinado. En una hermosísima ceremonia frente a la gruta de la Anunciación los hospitalarios nos consagramos a la Virgen, lo que se simbolizó en la imposición de las medallas, bendecidas por el Padre David. Se me concedió el honor de ser el primero, e incluso se pensó en mis problemas de vista y, a parte de los Evangelios que regalaron a todos, a otra peregrina y a mi nos los dieron en formato Audio.

Después de eso, cenamos en el restaurante de los franciscanos Galilee, y nos fuimos a dormir.

Día 3

Bajamos a desayunar a las 6:30

Y a las 7 estábamos camino del Mar de Galilea, lo más sorprendente es que no es realmente un mar, es el Lago Tiberiades.

Allí la primera visita fue Cafarnaún, las ruinas de la población donde vivió Jesús y donde curo a la suegra de Pedro. Las ruinas son complicadas para recorrerlas en silla pero se podía apreciar perfectamente el trazado, en la típica piedra basáltica de la zona. Las ruinas mas sobresalientes son las de la Sinagoga (con un solo escalón, "pecata minuta" para nuestros dispuestos chicos y chicas) donde nos explico Ana lo que allí aconteció y su importancia en la vida pública de Jesucristo. No pudimos visitar ya que tenía empinadas escaleras (porque no nos empeñamos no por falta de ofrecimiento de los voluntari@s) el moderno memorial de suelo de cristal, que descansa sobre ocho patas protegiendo lo que fue la casa de Simón Pedro.

La siguiente visita fue al Primado de Pedro, lugar de la pesca milagrosa y las afirmaciones de Pedro, y nos contaron estos importantes episodios en la iglesia de piedra basáltica junto a la playa donde ocurrió aquello. Encontramos las consabidas barreras, salvadas convenientemente por nuestros dispuestos voluntarios, en una serie de escalones que hay en la entrada del recinto.

Pasamos por Tabga (donde fue la multiplicación de los panes y los peces) y Magdala, (pueblo de María Magdalena). En el Kibutz de Guinosar embarcamos (sí, sí, con sillas y oxígenos) en un tradicional barco Galileo. Allí oímos misa y nos explicaron todo lo allí ocurrido. Después del izado de banderas de España e Israel, estuvimos un rato bailando hablando y disfrutando de la travesía.

Comimos en el hotel Ron Beach en Tiberias, a orillas del lago y, por supuesto, probé el famoso Pez de San Pedro, el que debieron pescar los apóstoles. Este establecimiento esta regentado por Israelíes que nos trataron estupendamente aunque era ser Sabat, su día sagrado.

Por la tarde fuimos al Monte de las Bienaventuranzas, donde Jesucristo nos dejó el sermón de la Montaña, piedra angular de sus enseñanzas y un lugar, además de una belleza increíble.

De allí nos fuimos al Jordán, pero en lugar de ir al lugar donde fue el bautismo, actualmente en un kibutz y sobreexplotado turísticamente, fuimos a Corozaín, en el camino a Betsaida. Renovamos nuestro bautismo, recogimos agua del Jordan, algunos incluso metimos los pies en el agua y Ana y el sacerdote nos siguieron desgranando la vida de Jesús.

Volvimos a Nazaret y allí tuvimos el placer de conocer el Hospital Francés, gestionado por Hijas de la Caridad donde se da atención hospitalaria como parte de la red sanitaria Pública israelí y atención gratuita a los palestinos que lo necesitan. Una monja española (gracias, Sor Dorita) nos enseñó las instalaciones y los servicios que presta, y todas las dificultades que pasan y los proyectos que han emprendido para actualizarse.

Cenamos en el Hotel, y luego a dormir.

Día 4

Tras desayunar en el hotel salimos hacia el monte Tabor. El autobús se paró en las faldas del monte y unas furgonetillas (inaccesibles si no llega a ser por los voluntarios) nos subieron por una estrechísima y virada carretera a toda velocidad a la cumbre. Allí está la basílica de la Transfiguración, dominando todo el entorno, donde oímos misa y nos contaron la importancia de esos hechos. Desde la terraza (encima de una empinada escalera, salvada por nuestros voluntarios) disfrutamos de las vistas que dominan todo el entorno.

Tras la vertiginosa bajada, salimos hacia Jerusalén atravesando el desierto de Galilea, donde llegamos a nuestro alojamiento, Notre Dame, regentado por Legionarios de Cristo donde fuimos recibidos por el Padre Solana, el director del establecimiento. Todo un lujo de establecimiento y con una gastronomía digna de un cinco estrellas.

Por la tarde subimos al Monte Sión por primera vez, y llegamos a San Pedro in Gallicantu. La actual iglesia (a la que se baja un ascensor publico) esta sobre lo que fuera la Casa de Caifás. En aquel lugar fue donde San Pedro negó tres veces antes de que cantase el gallo, de ahí su nombre. Y se conservan los restos del lugar donde Jesús pasó la noche del Jueves al Viernes Santo (a los que se accede desde la cripta y es una mezcla de calabozo y aljibe solo accesible para los muy valientes).

Luego, desde una terraza que hay junto a la Basílica, Ana nos explicó cómo era Jerusalén y su Templo, la ciudad de David, el valle de Josafat y el arroyo Cedrón, en tiempos de Jesús. Incluso nos enseñó dónde está el campo del Alfarero, que se compró con las monedas de plata con las que pagaron a Judas la delación de Cristo, y que sigue sin que nadie quiera hacer nada en él después de 2000 años.

Tras aquello, volvimos a Notre Dame donde, quien quiso fue a visitar una increíble y completísima exposición sobre la Sábana Santa, otros se fueron a dar un paseo y otros simplemente disfrutamos de un estupendo atardecer en la terraza del Hotel, conversando e intercambiando tan intensas experiencias.

Cenamos y corriendito a la cama que a la mañana siguiente nos tocaba el gran madrugón.

Día 5

A las 5:45 estábamos todos en recepción para salir caminando hacia el recinto amurallado. Entramos por la Puerta Nueva (una de las siete que tiene la ciudad) y bajando por parte de la Vía Dolorosa, nos encaminamos a la Basílica del Santo Sepulcro. Me ahorraré el contaros todas las barreras, que nos encontramos, pero muchas, muchas. Dentro del Templo, subimos al Gólgota por una empinadísima escalera, pero subimos TODOS, y allí ofició misa el Padre David. La basílica es un lugar mágico cuya custodia esta compartida por seis ramas del cristianismo (Católicos romanos, ortodoxos Griegos, Armenios, Sirios, Coptos y Etíopes) en un rígido Estatus Quo que ha impedido que se mueva, por ejemplo, una escalera de mano durante mas de 150 años. Como a las 7 acaba la custodia católica, el pobre Páter tuvo que acelerar el final de la misa porque la custodia siguiente, creo que Copta, exigía su tiempo, pero no fue por ello menos emocionante y profunda. Después tuvimos la oportunidad de visitar el resto del templo, el Santo Sepulcro, la piedra de la Unción, y muchas de las capillas que conforman el complejo templo, y reflexionar sobre todo lo que allí estábamos viendo y viviendo. Salimos después de la ciudad por un paseo más largo pero con menos barreras por la puerta de Haffa.

Nos ventilamos un opíparo desayuno en Notre Dame y de nuevo al Monte Sión. Pasamos junto al Templo de la Dormición de la Virgen y luego visitamos la Tumba del Rey David, a la que los hombres entramos con Kipá y separados de las mujeres por un biombillo. El Padre David y Ana dieron una vez más muestras de su profundo saber. Luego, subimos al Cenáculo, justo encima. El Cenáculo es sumamente peculiar, al ser de propiedad judía no se puede celebrar ningún rito, y encima tiene el formato de una mezquita (eso solo puede ocurrir en Jerusalén). El sacerdote nos habló sobre la institución en ese lugar de la Eucaristía, recordó su ordenación y renovó sus promesas sacerdotales.

Después bajamos por el mismo camino que debió seguir Jesús desde el Cenáculo hacia el huerto de los olivos. En un descanso junto a las murallas seguimos conociendo y reflexionando sobre la Pasión. Volvimos entrar en Jerusalén por la puerta de la basura o puerta de Yaffo, desviándonos del camino del jueves Santo, para visitar lo único que queda del Templo de Herodes del Grande, es decir del templo que vio Jesús. Esos restos no son, ni más ni menos, que el Muro de las Lamentaciones. Con Kipá y separados hombres y mujeres lo visitamos y quien quiso rezó. Eso si, lo de meter entre sus piedras un papelito con tu oración o tus ofrendas es materia imposible, no queda un resquicio libre.

Volvimos a comer al Notre Dame, donde nos tenían reservada una sorpresa más, una tarta para celebrar los 25 años de matrimonio de unos peregrinos en los que él tiene una severa discapacidad. Una fantástica tarta entro por la puerta sujeta por los 4 hijos del matrimonio, dando testimonio de lo unida que está esa ejemplar familia.

Tras un breve descanso en la habitación y recoger todo para la inminente visita del Papa cuyo séquito se alojaría allí, nos montamos en el autobús camino del Monte de los Olivos.

En lo alto, y junto a la Iglesia de la Ascensión, contemplamos la maravillosa vista de Jerusalén, haciéndonos una idea de toda la ciudad. Bajamos a la falda del monte, al arroyo Cedrón donde se estaban dando los últimos toques al altar para la misa que al día siguiente Benedicto XVI celebraría. Visitamos el Huerto de los Olivos en el que todavía sobreviven milenarios olivos que, quizás en forma de brote, asistieron a las Oraciones de Jesús y al prendimiento.

Visitamos la Capilla de Getsemaní, donde se encuentra la piedra donde se retiro Jesús a orar y sudó sangre, según los Evangelios. Tras un tiempo de oración, nos volvimos al Autobús y vimos desde abajo Dóminus Flévit (era demasiado tarde para intentar subir) y partimos hacia Belén.

Allí nos alojamos en St. Vincent, regentado por Hermanas de la Caridad, que ayuda el sostenimiento del Orfanato que tienen allí. Cenamos, e instalamos una pequeña capilla en un salón con una Virgen Peregrina de Schoenstatt que había traído Marcelo, un Hospitalario, para los que quisieran rezar un rato.

Día 6

Por fin un día en el que nos levantamos a una hora más normal, a las 9:30 ya desayunados nos fuimos hacia la plaza de la Natividad. Allí visitamos la Basílica, de custodia ortodoxa, adornada constantemente de Navidad, pero cuando lo piensas es normal, allí siempre es Navidad.

La gruta que hay bajo el altar mayor, subterránea y con un montón de escalones, pero a la que bajamos TODOS, es el lugar donde nació Jesús, existe una estrella de plata en dicho lugar y un segundo altar marca el lugar donde debió estar el pesebre. Supongo que para la gente no creyente quizás carezca de significado pero te aseguro que en ese lugar se respira una atmosfera realmente elevada. Espontáneamente empezamos a felicitarnos la Navidad, y cantamos un villancico. Fue un momento especialmente emotivo y profundo.

De ahí, dentro del mismo templo nos trasladamos a la capilla de San Jerónimo, donde este se retiró con dos religiosas, y tradujo la Biblia al latín vulgar, creando la Vulgata. En esta pequeña capilla el padre celebró misa y Ana nos comunicó que, tras muchos esfuerzos, definitivamente el día 13, día de Nuestra Señora de Fátima, podríamos ir a la misa del Papa en Belén.

Fue curioso lo de cantar villancicos en mayo pero tremendamente bonito, y emotivo.

Comimos en un restaurante junto a la Basílica viendo el montaje del Altar del Papa y después nos fuimos hacia Jerusalén para hacer el Vía Crucis… pero cuando llegamos, descubrimos que la ciudad estaba tomada por las fuerzas de Seguridad Israelíes, porque la estaba visitando Benedicto XVI. Bueno, pues tuvimos que cambiar nuestros planes y nos dirigimos a Ein Karem. En este lugar es donde residía la prima de la Virgen, Santa Isabel, con su marido Zacarías, padres de San Juan Bautista. Visitamos allí, primero, el lugar donde estuvo la casa del matrimonio en el pueblo, donde una estrella marca el lugar donde nació San Juan. Es una curiosa basílica revestida en su interior por mosaicos españoles de Manises, y construida con fondos españoles. Después subimos a la Visitación (y cuando digo subir digo que cada silla estaba empujada por un voluntario y el voluntario por otro voluntario de empinadísima que era). Allí estuvo la casa donde pasó su embarazo Santa Isabel y donde recibió la visita de la Virgen ya encinta de Jesús.

En la iglesia de la Visitación se conservan unos mosaicos bizantinos maravillosos, y se ha instalado el brocal de un pozo en el lugar en el que debió ser el encuentro entre ambas mujeres.

También se conserva una piedra en la que hay el hueco con la forma de un bebé que, según la tradición, se formó para proteger a Juan el Bautista y no fuese asesinado en la matanza de los inocentes por parte de Herodes Antipas.

Bajamos otra vez por aquella matadora cuesta, con otro enorme esfuerzo de nuestros voluntarios y voluntarias, y nos tomamos una cervecita tranquilamente en una terraza en el agradable pueblo.

Tras ese descanso, salimos de nuevo hacia Belén donde fuimos a una cooperativa de artesanos Cristianos Palestinos que trabajan tanto la madera de olivo como el nácar y la plata. Había cosas para todos los gustos y bolsillos, pero lo que sí estaba claro es que estabas contribuyendo al sostenimiento de la comunidad Cristiana Palestina que tan apaleada está.

Día 7

El día 7 también pudimos dormir hasta una hora prudente y a las 9:30 ya estábamos montados en el autobús camino de Betania, el pueblo de Lázaro, Marta y María.

Allí se encuentra una iglesia donde se cree que estuvo su casa y, muy próximo a ella, la tumba de Lázaro. Primero estuvimos en la iglesia, en la que el Padre oficio misa, y también recordamos ese pasaje del evangelio tan conmovedor de la resurrección del amigo, y su significado. Luego, quien quiso, bajó a la tumba de Lázaro. Yo confieso que me la perdoné puesto que, después de tantos días de peregrinación, estaba cansado y no quería sobrecargar más a nuestros ya agotados voluntarios.

A la salida del recinto tuvimos otra anécdota francamente emotiva. Había algo muy típico, un palestino con un camello te ofrecía, por dos euros, montarte en el camello, andar unos metros y hacerte una foto. Varios peregrinos probaron y hubo risas generales. El peregrino del que ya os he hablado con muy poca movilidad que había ido con su mujer y sus cuatro hijos, Ramón, le apetecía subir. La cosa es que al final se organizó, subió con dos de sus hijos, uno delante y otro detrás para sujetarle, y con aclamación general por parte de todos, dio su correspondiente vuelta. Me emocionaron varias cosas, una que tuviese fuerzas y ganas de vivirlo (yo no me atreví), otra que sus hijos y los voluntarios tuviesen el ánimo y la valentía de intentarlo, y otra su cara de alegría al conseguir hacer algo que nadie pensó que podía hacer.

De ahí, nos untamos todos de protector solar y nos fuimos al desierto de Qumrán, donde vivieron los Esenios (rama ortodoxa judía de la época de Jesús) y posteriormente algunas de las primeras comunidades Cristianas. En ese lugar, se han descubierto los famosos manuscritos del Mar Muerto, ya que esta a escasos kilómetros de este. Vimos el montaje que allí tienen, con su espectáculo audiovisual y la exposición de elementos de esas excavaciones, y luego nos adentramos unos metros en el desierto junto a las montañas y los desfiladeros donde se encontraron las vasijas con los manuscritos en 1947.

Allí Ana, bajo unas toldillas para no deshidratarnos, nos estuvo contando todo lo referente a aquel descubrimiento y lo que ha ayudado a datar algunos de los evangelios. Nos habló de quienes eran los Esenios y su relación con Juan Bautista y con Jesucristo. También estuvo hablando de las primeras comunidades cristianas que allí se habían establecido.

A continuación visitamos las excavaciones del poblado esenio.

El autobús nos llevó entonces a Jericó la ciudad más antigua y que se encuentra a 400m bajo el nivel del mar. Allí comimos, y, quien quiso, compró los famosos dátiles, oímos música, estuvieron bailando para nosotros y luego sacaron a algunos a bailar. Yo dadas mis dotes rítmicas me escondí prudentemente tras una columna no fuera a ser que me sacaran.

Por la tarde nos acercamos a la orilla del Mar Muerto. Unos se quedaron prudentemente en la cafetería, pero yo no me quería perder la experiencia de meterme en aquella agua con tal concentración salina que flotas como un corcho. Me compré un traje de baño baratito, nos alquilamos unas toallas, y varios voluntarios y unos pocos peregrinos nos metimos al agua. Fue complejo porque el fondo (cubierto de los famosos barros del mar muerto) es completamente resbaladizo, pero me metí ayudado por dos voluntarios y cuando estaba con el agua por las rodillas, ¡¡¡¡a flotar!!! Y vaya si floté, una sensación de ingravidez increíble, eso sí, con muchísima precaución para que el agua no me entrase ni en los ojos ni en la boca. Es más, tenía un pequeñísimo rozón en una pierna, y me escoció horrores pero, desde luego, se curó en un día.

Tras semejante experiencia, y después de embadurnarme en barro, me dejé secar un poco y me duché con agua dulce allí mismo.

De vuelta al hotel, nos dieron una interesantísima charla sobre la situación de las comunidades cristianas en Palestina, y especialmente la difícil situación que viven en Gaza después de los últimos enfrentamientos armados. También nos habló de la impagable labor que religiosos y religiosas católicos realizan para ayudar a los más necesitados en estos territorios.

Cenamos y nos fuimos a la cama para descansar para otro importante día.

Día 8

A las 6:45, arreglados y desayunados, provistos de sillas plegables para los que no las llevábamos de ruedas como yo, salimos rumbo a la Plaza de la Natividad donde celebraría la misa el Papa. Tres controles fueron necesarios antes de llegar a la explanada de la plaza, y un tramo de escaleras que daba mucho respeto, una vez mas solucionado por el buen hacer de los hospitalari@s. Nos instalamos en un lateral de la plaza de forma que pudiésemos verlo todo bien incluso los que no pudiésemos ponernos nada o muy poco de pie. Improvisamos un mástil con mis muletas y allí pusimos nuestra bandera. Se habían reservado unos sitios delante para algunos miembros de la Hospitalidad. Fueron Ana como responsable, nuestra peregrina nonagenaria, el padre David y Ramón y Elena, el matrimonio del que ya os he hablado. Nunca pudo estar mejor representada la Hospitalidad. Tuvimos al Papa bastante cerca e incluso le regaló una estola al Padre David para que pudiese concelebrar.

Tras la ceremonia, que fue intensa y emocionante, se cantó el Adeste Fideles, el más internacional de los villancicos.

Agotados y encantados nos volvimos al hotel, donde comimos.

Por la tarde tuvimos otra experiencia increíble, pudimos visitar el orfanato que regentan las Hermanas de la Caridad. Sor María nos habló de las terribles circunstancias que viven los niños huérfanos. Tienen 55 niños huérfanos y 75 más en guardería, mientras sus padres trabajan. Son cuidados gratuitamente por monjas católicas, pero por ley han de ser educados en el Islamismo. En territorios bajo la Autoridad Palestina, los huérfanos no tienen siquiera identidad propia, no pueden ser adoptados más que por matrimonios musulmanes, y a los 6 años son sacados de este remanso de paz y trasladados a un orfanato público… bueno, inenarrable. También me impresiono un aula que tienen que imita una casa normal, es allí donde ellos “aprenden” como viven los niños normales, como es una familia y una casa. Yo me enamoré de una niña de 10 meses, Yazira, que cuando nació no llegaba a los 900 gramos y que cuando me dejaron cogerla se me acurrucó en el pecho. Y de otra niña, Hiva, que tiene 3 años, tiene discapacidad y usa silla de ruedas. No os puedo relatar las emociones que vivimos.

Día 9

Después de hacer el equipaje, a las 12 de la noche, salimos para el aeropuerto, pasamos todos los check point habidos y por haber, por carretera y en el aeropuerto, y volvimos a España

Alguien me dijo, ir a Tierra Santa te cambia la vida, y creo que así es, y te la cambia para mejor. En este relato narro muchos hechos pero es imposible narrar las vivencias de cada uno, personales, espirituales, religiosas, humanas… eso lo tiene que vivir cada peregrino dentro de sí mismo. Javier, el cronista y fotógrafo, con su certero y socarrón sentido del humor dijo que Tierra Santa es “Un parque temático de Barreras Arquitectónicas”. La Hospitalidad Jesús de Nazaret es la única en el mundo que ha tomado como lema hacer peregrinaciones en las que todo el mundo pueda acercarse a conocer la realidad de Tierra Santa y que pone los medios para que ni la enfermedad ni la discapacidad sean un obstáculo.

Manuel Rancés Jofre

Hospitalidad Jesús de Nazaret.

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